lunes, 25 de agosto de 2014

Un nuevo viacrucis, el de la inversión social mal realizada




El sacerdote José Leonardo Ospina Giraldo, párroco de Alejandría durante la época más dura del conflicto armado, cuestiona la forma en que se realizaron millonarias inversiones en la comunidad del municipio después de terminada la confrontación.

Afirma que las primeras acciones adelantadas en el posconflicto local no generaron procesos fuertes que se puedan ver hoy, Asegura que, por el contrario, volvieron a muchas personas dependientes de las ayudas externas y que eso fue una forma de revictimización.



Por Jonathan Jiménez Hernández

“Alejandría tuvo más éxodo después de la violencia que en la misma época de la guerra porque muchos de los proyectos que se hicieron generaron más pobreza. Yo sé que estas cosas, cuando las escuchen ellos, no les van a gustar porque se van a sentir asumidos en muchos aspectos, pero yo las tengo que decir.

A mí me dolió más el desplazamiento después de la guerra que el mismo desplazamiento que ella causó porque fue un municipio que perdió la credibilidad. Y es una lástima que en vez volverse mucho más productivo y trabajador, se quedó como un mendigo.

Tantas cosas se hicieron, tantos dineros que supuestamente se movieron y que pasaron por distintas instituciones… pero esa inversión se vio demasiado poquita para decir que todo ese dinero había pasado por un municipio tan pequeño. Eso generó una forma distinta de conflicto social que no se expresaba, pero que sí se veía.

Todo esto que hablo es de la época de cuando terminó la violencia. Las inversiones empezaron cuando se vio toda la magnitud del problema que había dejado la violencia.

Esas ayudas no fueron solamente departamentales, municipales o nacionales, se dieron también a nivel internacional y venían sobre todo de la Unión Europea, que eran muchos millones: con toda la problemática del Oriente antioqueño, incluyendo Alejandría, empezaron a pasar los capitales por la región.

Pero no se hizo la inversión que pensé que sería. Se trató de impulsar la formación de grupos de trabajo como para volver a creer en lo social, para creer en el trabajo en conjunto, pero la gente tenía una ambición: tener dinero. La ambición del colombiano de hoy, y llamémoslo del mundo contemporáneo, es tener dinero y formas de adquisición mucho más grandes.

Allí solamente se daba era para que la gente tuviera qué comer y ellos no se amañaron con eso. Recuerdo que en un grupo preguntaron: “¿Qué hicieron con lo que se les dio?” Una señora se levantó y dijo: “Yo vendí mis gallinas y compré un televisor”. Todo eso producía hasta risa, pero era de la misma pobreza mental de muchas personas”.

Ayudar se volvió un negocio


“Por eso pasaron muchas cosas. No quedó nada de lo social ni de la inversión. Yo utilicé una vez una frase dura, dije que Alejandría tuvo un tiempo de minería en que se movía mucho dinero, pero que eso lo dejó convertido en uno de los municipios más pobres pues todo se gastó en nada, en vicio, en otras cosas… la gente quedó igual: en la pobreza.

Además, los procesos de ayuda a las víctimas se convirtieron más en un negocio que en brindar una verdadera sanación, en una sanación del corazón. Entonces donde había plata estaban las víctimas, no para sanarse el corazón, sino para recibir dinero.

Los problemas de la postguerra son más difíciles que la misma guerra. Por momentos han sido más los vicios que se generaron en torno a todo lo que allí empezó y los procesos que se dieron: llegaron personas para ayudar, pero después se volvieron contratistas que si no tenían la plata no volvían porque el interés era ganarse unos millones, llevar un programa a la gente pero para ganar dinero. Eso hizo mucho daño y se produjo después de toda la época de la violencia”.

El éxodo de la juventud y del campo


“La juventud, como en todos los municipios de Antioquia, empezó a emigrar: los muchachos salen del bachillerato y no se quedan para trabajar. A eso se agrega un país sin política agraria, solamente legislando para lo industrial y el campo colombiano no está industrializado.


No le podemos echar la culpa al municipio porque esto es una cuestión nacional: muchas personas tienen que abandonar el campo porque no les da para vivir, porque si tienen una finca y van a conseguir un trabajador no tienen con qué pagarle todo lo que exige la legislación colombiana, entonces es mejor dejar la finca.

Es doloroso, uno ve que por esta situación hay un atraso muy grande en el desarrollo de los municipios, que se están quedando solos porque la gente está buscando irse a las ciudades a buscar nuevos horizontes”.

La esperanza de un mejor futuro


“La reconstrucción que se hace de las problemáticas de violencia son muy bonitas pero lo correcto es que la gente no se quede como víctima, que se queden como persona, como gente que es capaz de salir adelante porque ha sabido superar su dolor, porque es capaz de organizarse, de trabajar, capaz de salir de sus deudas.

Ojalá Alejandría hubiera tenido personas bien dispuestas a que este municipio se hubiera culturizado mucho más en diferentes sentidos. Porque se sembró mucho, se dio mucho, pero no en la medida, proporción y tiempo que se necesitaba.

Todavía hay mucho por hacer porque es un municipio que promete, porque es un municipio de futuro, por la cercanía a la ciudad, por los paisajes que posee, por su potencial turístico y por el desarrollo que puede tener. Es un municipio bello donde hay mucho por hacer”.


Testimonio entregado en junio de 2014

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